Cada 1 de noviembre, con la Solemnidad de Todos los Santos, la Iglesia levanta la mirada. Pasada la víspera de Halloween, el calendario litúrgico nos recuerda algo mucho más luminoso: el cielo no está vacío. Está lleno de hombres y mujeres que vivieron, amaron, se equivocaron, se levantaron y llegaron a Dios. Algunos tienen nombre y altar; otros, la gran mayoría, solo lo conoce Dios.
En 2026, además, el 1 de noviembre cae en domingo. Como la Solemnidad de Todos los Santos prevalece sobre el domingo, las comunidades la celebran con la misa propia de la fiesta.
¿Qué es la Solemnidad de Todos los Santos?
Es la fiesta con la que la Iglesia católica honra a todos los santos, conocidos y desconocidos: los canonizados, los beatos y también los anónimos que ya gozan de Dios. Por eso no se trata solo de recordar a san Francisco, santa Teresa o san Juan Pablo II, sino de abrazar a esa «muchedumbre inmensa» que describe el libro del Apocalipsis.
Su rango litúrgico es el de solemnidad, el más alto del calendario. La misa se celebra con color blanco, se canta el Gloria, se reza el Credo y se usa un prefacio propio, además de las lecturas especiales del día. La Iglesia nos invita, literalmente, a alegrarnos en el Señor junto con los ángeles y los santos.
Origen de la fiesta: ¿por qué se celebra el 1 de noviembre?
La historia exacta de esta celebración no se puede rastrear con total certeza. Según la Enciclopedia Británica, citada por distintos medios, originalmente se celebraba el 13 de mayo; la tradición la vincula con el año 609, cuando en Roma se dedicó un antiguo templo a la Virgen y a los mártires.
La fecha actual se atribuye al papa Gregorio III (731-741), quien consagró una capilla de la Basílica de San Pedro en honor a todos los santos y fijó su aniversario el 1 de noviembre. Algunas fuentes añaden que esa fecha coincidía con antiguas fiestas del norte de Europa, y que la Iglesia quiso dar a ese momento del año un sentido cristiano: mirar hacia la vida eterna.
Todos los Santos y Fieles Difuntos: dos fechas, una misma esperanza
En México es común mezclar el 1 y el 2 de noviembre, y no es raro: son días contiguos y profundamente conectados. Pero conviene distinguirlos. El 1 de noviembre la Iglesia celebra a los santos, es decir, a quienes ya están en la gloria de Dios. El 2 de noviembre recuerda a todos los fieles difuntos y reza por ellos.
Una fecha mira al cielo con gratitud; la otra acompaña con oración a quienes aún caminan hacia él. Juntas dicen lo mismo: la muerte no tiene la última palabra y la comunión entre los que estamos aquí y los que ya partieron no se rompe.
La santidad no es para unos pocos: una llamada universal
Durante siglos, muchas personas pensaron que la santidad era cosa de monjes, mártires o gente «extraordinaria». El Concilio Vaticano II corrigió esa idea. En el capítulo V de la constitución Lumen gentium, la Iglesia enseña que todos los bautizados, no solo obispos, sacerdotes y religiosos, están llamados a la santidad.
El papa Francisco la hizo cercana en su exhortación Gaudete et exsultate (2018). Pidió no pensar solo en los santos beatificados o canonizados, y habló de los «santos de la puerta de al lado»: los padres y madres que crían a sus hijos con amor, las personas que trabajan para llevar el pan a casa, los enfermos, los religiosos ancianos que siguen sonriendo. Una santidad de todos los días, sin cámaras ni aplausos.
Esa es la buena noticia de esta solemnidad: la santidad no es un premio para perfectos, sino un camino para personas reales, con cansancio, deudas, hijos pequeños y días difíciles.
Cómo vivir la Solemnidad de Todos los Santos en familia
No hace falta complicarlo. Algunas ideas sencillas:
- Ir a misa. Es la mejor forma de vivir la fiesta, y más este año, que cae en domingo.
- Leer las Bienaventuranzas en casa. Son el «mapa» de la santidad cristiana y el Evangelio propio del día.
- Conocer a un santo nuevo. Elijan uno, lean su vida y comenten qué les llamó la atención.
- Hablar de los «santos» de la familia. Una abuela que rezaba, un tío generoso, un papá trabajador. Contar su historia también es transmitir la fe.
- Rezar la Letanía de los Santos o un Padrenuestro por quienes ya están con Dios, y mañana, 2 de noviembre, por los fieles difuntos.
Conclusión: ser santos hoy es posible
La Solemnidad de Todos los Santos nos quita una excusa y nos regala una esperanza. La excusa: «yo no soy de esos». La esperanza: si tantos que fueron como nosotros llegaron, nosotros también podemos. La santidad empieza donde estamos, en la mesa, en el trabajo, en la paciencia con los hijos y en la fidelidad de cada día.
Este 1 de noviembre, ¿a qué «santo de la puerta de al lado» quieres dar gracias? Compártelo con tu familia y reenvía este artículo a quien necesite recordar que ser santo es posible.