Cuando cuatro sacerdotes se sientan a jugar póquer con el comediante más popular de México
¿Qué pasa cuando juntas a cuatro sacerdotes regios alrededor de una mesa, sin guion, sin solemnidad, y les pones enfrente al comediante más filoso de México? Pasa algo que casi nunca vemos: la Iglesia hablando en primera persona, sin filtro y sin miedo a las preguntas incómodas.
Eso fue exactamente “Padres contra el Diablo”, el episodio 3 de Plática de Compas, donde Franco Escamilla recibió al padre José Juan Montalvo (Borre), al padre David Jasso, al padre Juanjo Martínez y al padre Reynaldo Díaz para casi tres horas de charla que terminaron desmontando, uno por uno, los mitos más comunes sobre la vida sacerdotal.
Vale la pena decirlo: no es la primera vez que Franco toca temas de fe en su contenido. El propio comediante ha contado públicamente cómo pasó de ser ateo a convertirse en devoto de la Sagrada Familia, así que esta charla también es, en cierto modo, terreno conocido para él.
Y lo mejor no fueron las respuestas de manual. Fue descubrir que detrás del alzacuello hay historias de fútbol profesional, televisión, arquitectura y una vocación que, para todos ellos, no llegó por el camino recto.
De las canchas y los foros de tele al altar
Uno se imagina que un sacerdote decide su vocación a los 18 años y ya. La realidad, según lo que contaron estos cuatro, es mucho más humana.
El gerente deportivo que terminó dando misa
El padre David Jasso entró al seminario a los 17 años, pero después de ocho años de formación le propusieron algo poco común: tomarse un tiempo fuera para discernir con calma si ese era realmente su camino. Se tomó una década.
Durante ese paréntesis:
- Trabajó siete años en el Club de Fútbol Monterrey, llegando a ser gerente deportivo en la época dorada de Rayados.
- Estuvo metido en la logística y administración de dos campeonatos de Liga MX, 2009 y 2010.
- Incluso emprendió en marketing y publicidad antes de decidir, ya con los pies bien puestos en la tierra, que quería ser sacerdote.
Según contó, no fue el fútbol lo que lo trajo de regreso al seminario, sino un vacío espiritual que empezó a sentir en medio de esa vida laica.
Tres novias antes del altar
El padre Borre, por su parte, no se guardó nada: antes de ordenarse tuvo tres novias. Lejos de esconderlo, lo comparte como parte natural de su historia, la misma que hoy le sirve para acompañar a quienes viven procesos de noviazgo o de discernimiento vocacional.
Arte, tele y diseño industrial también hicieron escala en el seminario
Los otros invitados no se quedan atrás. El padre Juanjo creció en el ambiente artístico por el trabajo de su papá y llegó a participar en programas infantiles de Televisa Monterrey. El padre Reynaldo, hoy al frente de la Pastoral Juvenil, pasó primero por arquitectura e ingeniería industrial antes de elegir la vida parroquial.
La conclusión que se saca escuchándolos es simple: la vocación no cancela lo que ya eres, lo usa.
Los mitos que Franco Escamilla no dejó pasar
Lo que hace especial esta charla es que Franco no les regaló ninguna pregunta. Fue directo a los temas que la gente comenta a puerta cerrada, pero casi nunca se atreve a preguntar de frente.
¿El celibato es un castigo?
El mito dice que es una prohibición divina, inamovible desde siempre. Los sacerdotes lo aclararon distinto: es una norma disciplinar que la Iglesia adoptó para imitar el estilo de vida de Jesucristo y poder entregarse por completo a la comunidad, sin que de por medio se metan conflictos de herencias o intereses familiares.
¿Los católicos le rezan a las estatuas?
Aquí marcaron una línea que mucha gente confunde: adoración es solo para Dios; lo que se hace con los santos es veneración, es decir, respeto y admiración por una vida que vale la pena imitar. No es lo mismo, y la diferencia no es un tecnicismo, es el corazón de cómo un católico entiende su fe.
¿La vida de un cura es aburrida y solitaria?
Para nada, dijeron entre risas. Un párroco administra grupos, media conflictos, lidia con los celos entre feligreses y sostiene emocionalmente a comunidades enteras. Monótono es lo último que es.
¿Nunca extrañan tener pareja?
Franco no se guardó esta tampoco: ¿no añoran una vida con pareja romántica? La respuesta fue unánime y sin titubeos. Como resumió el padre David, “no es renuncia, es una elección”, y elegir el sacerdocio no significa despreciar lo que dejaron atrás.
El acompañamiento: no hace falta vivirlo para aconsejar
Otro de los temas que Franco puso sobre la mesa fue directo: si nunca se han casado ni han tenido hijos, ¿con qué autoridad aconsejan a parejas y familias?
Los sacerdotes respondieron con una comparación que se quedó grabada: un médico no necesita haber tenido cáncer para poder tratarlo. Se formó para eso, y lo mismo pasa con ellos. Su preparación, sumada a los años de escuchar de cerca las historias de quienes acompañan, es lo que les permite entender el sufrimiento y la alegría ajena aunque no la hayan vivido en carne propia.
Esa cercanía diaria con la gente, insistieron, es lo que realmente los forma como consejeros: no haber pasado por todo, sino haber estado presentes en el proceso de muchos.
El mensaje que se quedó flotando al final
Cerca del final, la charla dejó de ser anécdota y se volvió algo más profundo. Los cuatro coincidieron en algo que es, en el fondo, el corazón del mensaje cristiano: la misión no es juzgar, es acoger. Hacer sentir amada y acompañada a la gente, sobre todo a quien llega “herido” a la comunidad.
El padre Juanjo retomó una idea que ha repetido el papa León XIV: ante todo, seamos humanos. Para él, esa humanidad es también búsqueda de plenitud, y buscar la propia felicidad no está peleado con la fe, sino que es justo lo que Dios quiere para sus hijos.
El padre Reynaldo lo llevó a un terreno muy concreto: a Jesús le gustaba celebrar la vida, las cenas, los encuentros, el perdón. Y entre tanta preocupación cotidiana, dijo, se nos olvida hacer lo mismo, cuando lo único que tenemos garantizado es la vida que ya nos dieron.
Franco, por su parte, remató con algo que resume todo el sentido del proyecto: espacios así, informales, sin la crispación de las redes sociales, son justo lo que hace falta para que la gente se acerque a la Iglesia sin miedo a que la juzguen primero.
Por qué esta charla importa más allá del entretenimiento
En un momento en que hablar de fe en redes casi siempre termina en pleito, ver a cuatro sacerdotes reírse, contar su historia y responder sin ponerse a la defensiva es, honestamente, refrescante. No necesitaron un escenario solemne para hablar en serio de lo que creen. Y quizás esa sea la lección más grande de “Padres contra el Diablo”: la fe se explica mejor cuando se cuenta con humanidad, no con discurso.
¿Ya viste la charla completa? Puedes encontrar “Plática de Compas | Padres contra el Diablo | Ep. 3” en el canal oficial de Franco Escamilla en YouTube. Y si esta historia te movió algo, compártela con alguien que necesite ver que la fe también se vive con los pies en la tierra.