Massachusetts elimina restricciones al aborto
Con más de un millón de abortos al año en Estados Unidos, y 49,000 abortos específicamente en Massachusetts, el pasado lunes 10 de agosto, a escasos 4 meses de buscar su reelección, la gobernadora de Massachusetts, Maura Healey, firmó la ley que elimina restricciones para abortar.
El estado ya destacaba por su permisividad para el aborto, pero ahora innova de manera agresiva al quitarle peso a cualquier regulación legal, dando la última palabra al criterio del médico y de la mujer embarazada.
Diez estados ya permiten el aborto hasta los 9 meses
Con Massachusetts, ya son 10 estados los que permiten, a su manera, el aborto hasta los 9 meses. Tienen una cifra impresionante de abortos, pero les parece poco para ver cumplido su capricho ideológico; hoy ponen de pretexto “blindar” a los doctores para realizar abortos, pero mañana los harán a un lado, como hicieron a un lado la legislación porque “la mujer tendrá la única y última palabra”.
Maura Healey, la gobernadora mujer LGBT, tiene como eje de su ejercicio y campaña el ser oposición y barrera a Trump. Sus causas no son la mujer, sino el aborto, la comunidad LGBT y demás temas que lleven la contraria al actual presidente de los Estados Unidos.
Esta guerra de a ver quién da el golpe más fuerte sobre la mesa, ya sea de izquierda o de derecha, está costando vidas: de enfermos, ancianos, migrantes y, en este caso, no nacidos.
¿A quién beneficia realmente esta ley?
Tan no están viendo por la mujer, que en lugar de atender las causas de esta riesgosa práctica, en esta última modificación dicen que no es necesario que el aborto sea realizado en hospitales con especialidad obstétrica, pareciendo favorecer más al negocio que a la mujer. Suena familiar y recurrente este accidental beneficio.
Hay una larga lista de necesidades en salud física y mental, antes que ambicionar más permisividad para el aborto, que aumenta el riesgo para la mujer que se lo practica.
En defensa de la vida y de la mujer
En contra de que maten personas estamos desde la semana 1, y no es que aumente nuestro rechazo, porque valoramos la vida desde su inicio; nos aterra la ceguera o el cinismo de ensañarse con un ser humano que no puede defenderse, pero lo que sí preocupa y empeora es el riesgo al que exponen a la mujer, pues el aborto aumenta su riesgo conforme avanza el embarazo.
Inventar un supuesto derecho, con la irracionalidad de “X” semanas, para luego atropellar esa misma justificación ampliando las semanas, de 12 a 16, luego 24, y ahora 40 semanas, no habla de que en realidad les importe la mujer vulnerable, sino de una lucha de egos, ganancias e ideologías inhumanas.
México no está lejos de esta batalla
Y México no está lejos de esta batalla. Aquí también hemos permitido que la vida se convierta en una bandera que unos levantan y otros atacan dependiendo del color político del momento. Mientras discutimos quién es más progresista, quién es más conservador o quién tiene la última palabra, la realidad sigue ocurriendo afuera de los congresos.
El aborto como política pública en la Ciudad de México
El aborto continúa avanzando como política pública. La propia Secretaría de Salud de la Ciudad de México reportaba más 270,000 abortos realizadas entre 2007 y junio de 2024, de las cuales 87,743 correspondían a mujeres que no residían en la capital. Entre julio de 2024 y diciembre de 2025 se registraron otros 19,300 procedimientos. Datos de las propias instituciones que brindan el “servicio.” Lo preocupante es lo que revelan sobre “nuestras prioridades”: hemos desarrollado capacidad institucional, presupuesto, legislación y estructuras para eliminar vidas inocentes, mientras miles de mujeres siguen necesitando acompañamiento, redes de apoyo y alternativas reales para enfrentar una maternidad inesperada.
Pasos por la Vida: trabajar en las alternativas
Frente a esta realidad, en Pasos por la Vida hemos optado por trabajar ahí donde muchas veces la discusión pública deja un vacío: en las alternativas. Saliendo a las calles alzar la voz en la marcha por la vida todos los años, en el marco del aniversario de la despenalización del aborto, acompañamos a mujeres que atraviesan embarazos en situaciones difíciles, articulamos redes con organizaciones que pueden brindarles apoyo, generamos espacios de formación para jóvenes, construimos alianzas con distintos actores de la sociedad civil y llevamos estas realidades a los espacios donde se toman decisiones públicas. Porque si afirmamos que cada vida importa, esa convicción necesariamente tiene que convertirse en acciones concretas.
Atender las causas, no solo las consecuencias
Eso significa mirar de frente las circunstancias que pueden llevar a una mujer a pensar que no tiene otra salida. La violencia, el abandono paterno, la falta de recursos, la presión familiar, la dificultad para continuar estudiando o conservar un empleo no desaparecen con el aborto. Son problemas que se tienen que atender desde la raíz. Defender la vida implica exigir mejores condiciones para la maternidad, corresponsabilidad de los padres, atención a mujeres víctimas de violencia, acceso efectivo a salud, alternativas reales de adopción y redes capaces de acompañar antes, durante y después del embarazo. No basta con preguntarnos cómo evitar un aborto; tenemos que preguntarnos qué necesita cambiar en México para que ninguna mujer sienta que tener a su hijo significa renunciar a su propio futuro.
Una sociedad se mide por cómo trata a los más vulnerables
Porque al final esta discusión es mucho más grande que el aborto. Tiene que ver con la manera en que México responde ante la fragilidad humana del niño por nacer, en la mujer embarazada que está sola, con el enfermo, con la persona con discapacidad, con el adulto mayor y con cualquiera cuya vida es vulnerable. Una sociedad se revela precisamente en la manera en que trata a quien necesita más de los demás.
Porque antes que cualquier partido, ideología o elección, está la persona. Y ahí debería comenzar cualquier proyecto de una sociedad verdaderamente humana.
¿Qué quieres para el futuro de México?
