En un mundo que avanza a marchas forzadas hacia la desensibilización, la Arquidiócesis Primada de México ha puesto sobre la mesa un llamado urgente. Este mensaje interpela el corazón de toda la sociedad a través del editorial Que ningún bebé se quede sin sepultura, publicado en el semanario Desde la Fe.
En este pronunciamiento, la Iglesia católica hace un llamado explícito a las autoridades sanitarias, forenses y de los gobiernos locales. La exigencia es clara: establecer mecanismos legales precisos para entregar los cuerpos o restos de bebés abortados, no reclamados o fallecidos durante la gestación a instituciones y asociaciones debidamente acreditadas para darles una sepultura digna.
Como señala el propio texto editorial, la muerte de un bebé confronta con uno de los dolores más difíciles de nombrar. Esta tragedia ocurre ya sea por enfermedad, complicaciones inesperadas, aborto o violencia.
Sin embargo, la realidad en México es crítica. Es frecuente conocer casos de recién nacidos y fetos en gestación avanzada abandonados en la vía pública, en hospitales o entre la basura. De igual forma, muchas familias desconocen que la legislación les permite solicitar los restos de su hijo tras una pérdida gestacional para despedirlo.
La deshumanización del hijo por nacer y el drama del aborto
Desde Hazte Sentir aplaudimos con firmeza esta iniciativa de la Iglesia. Consideramos urgente que, como sociedad civil unida a las instituciones comunitarias, no soltemos este tema. Diversos grupos de presión han logrado desensibilizar a los medios de comunicación, a la sociedad en general y, de manera aún más dolorosa, a las propias madres de estos pequeños.
Este llamado no surge de un juicio condenatorio contra las mujeres en situación de vulnerabilidad, a quienes con frecuencia venden la salida falsa del aborto. Por el contrario, busca denunciar cómo han deshumanizado al hijo por nacer hasta reducirlo a un «desecho médico». Es crucial recordar a la sociedad que detrás de cada aborto hay una vida humana que se detuvo. Existe un hijo que ha fallecido y una madre que atraviesa por un duelo profundo.
Una sociedad expresa lo que considera valioso en la manera en que trata a sus muertos, especialmente a quienes no tienen a nadie que hable por ellos.
Precedentes de dignidad y la responsabilidad de la sociedad
En este sentido, existen precedentes ejemplares en el país. La Asociación Civil Inocentes de María en Jalisco es un claro ejemplo. Desde marzo de 2002, esta organización mantiene convenios con las autoridades estatales para recibir y sepultar con dignidad a menores no reclamados. Esta labor no busca obstaculizar investigaciones judiciales ni sustituir a las familias, sino hacerse cargo de aquellos pequeños por quienes nadie más lo hace.
Históricamente, la Iglesia ha reconocido el valor divino de lo humano. San Juan Pablo II dedicó decenas de audiencias generales a desarrollar la Teología del Cuerpo. En sus enseñanzas, explicó que Dios pensó la corporalidad humana con un fin y un propósito sagrado desde el instante de la fecundación hasta su pleno desarrollo.
Por ello, la preservación de lugares santos para el descanso de los fallecidos constituye un rescate explícito de la dignidad humana, además de un acto de solidaridad, empatía y caridad. Concretar esta labor depende de la Iglesia en su conjunto —no solo de la jerarquía, sino de todos los bautizados— para rehumanizar a los niños que mueren en el vientre materno.
Más allá de las creencias religiosas de cada persona, cualquier lector puede empatizar con el dolor humano. Está el dolor de una madre desamparada que busca soluciones en momentos de extrema debilidad. También está el dolor de un bebé que no pudo ver la luz del sol, pero que merece una sepultura digna para encontrar descanso. Como enfatiza la publicación de Desde la Fe, la muerte no convierte un cuerpo humano en desecho. No quitemos el dedo del renglón hasta que en todo México se garantice que ningún bebé quede sin una despedida humana y digna.