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San Mateo: el día en que Jesús cambió su historia

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Ilustración de Jesús llamando a san Mateo, sentado en su mesa de recaudación de impuestos.
La vocación de san Mateo recuerda que una vida puede comenzar de nuevo.
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Una mesa de impuestos, una invitación y un gesto decisivo: la historia de un hombre que descubrió que su pasado no tenía por qué definir su futuro.

Hay días que parecen iguales a todos los demás hasta que una palabra nos obliga a decidir. Mateo estaba sentado en su puesto de recaudación, ocupado en su trabajo, cuando Jesús pasó frente a él y le dijo: «Sígueme». El Evangelio cuenta la respuesta con una sencillez sorprendente: Mateo se levantó y lo siguió (Mt 9,9).

No conocemos sus pensamientos en ese instante ni todos los detalles de lo que dejó atrás. Lo que sí sabemos es que aquel encuentro abrió una etapa nueva. En la fiesta de san Mateo, que la Iglesia celebra el 21 de septiembre, su historia nos recuerda que Dios puede llamarnos en medio de la vida corriente y que siempre podemos responder con un primer paso.

¿Quién fue san Mateo? Mucho más que su oficio

Antes de seguir a Jesús, Mateo era publicano: recaudaba impuestos, una ocupación que despertaba desconfianza entre muchos de sus contemporáneos. El texto evangélico no presenta un retrato completo de su personalidad ni nos permite convertirlo en la suma de todas las faltas atribuidas a su oficio. Sí muestra algo esencial: Jesús lo vio como una persona a la que podía llamar, más allá de la etiqueta social que otros le imponían.

Cuántas veces hacemos lo contrario en casa, en la escuela o entre amigos. Reducimos a alguien a un error de hace años, a una mala decisión o a una etapa difícil. La llamada de Mateo nos invita a dejar espacio para la conversión propia y para el cambio de quienes nos rodean.

Jesús lo encontró en medio de su rutina

Mateo no estaba realizando una acción extraordinaria cuando recibió la invitación. Estaba trabajando. Esa escena habla con fuerza a quienes pasan sus días entre horarios, pendientes, estudios y responsabilidades familiares: la vida espiritual no tiene por qué quedar aplazada hasta que todo esté en orden.

La pregunta no es si todos viviremos una experiencia idéntica a la de Mateo, sino si estamos atentos a las oportunidades concretas de cambiar de rumbo: reparar una relación, actuar con honestidad en el trabajo, escuchar a un hijo sin mirar el teléfono o dedicar unos minutos a la oración.

Una mirada que abre la puerta a comenzar de nuevo

Al reflexionar sobre la vocación de Mateo, el papa Francisco destacó la mirada misericordiosa de Jesús, capaz de ver más allá de las apariencias y de abrir una vida nueva. No significa que nuestros actos carezcan de consecuencias: significa que una persona no queda reducida para siempre a sus errores.

También en la familia necesitamos aprender esa mirada. Corregir sin humillar, escuchar antes de sentenciar y reconocer un esfuerzo sincero puede abrir caminos donde antes parecía haber solo reproches. Ofrecer una nueva oportunidad no exige negar lo ocurrido; exige creer que la responsabilidad y la transformación son posibles.

«Se levantó»: la decisión que no podía tomar nadie por él

El Evangelio no describe un cambio construido de una vez y para siempre. Presenta el comienzo: Jesús llama y Mateo responde. Levantarse fue un gesto concreto, visible, que transformó su manera de vivir.

A veces nosotros también sabemos cuál es el siguiente paso y lo postergamos porque esperamos sentirnos preparados: pedir perdón, dejar un hábito que nos daña, buscar acompañamiento espiritual o recuperar una conversación importante. La enseñanza de Mateo no es actuar sin pensar, sino dejar de utilizar el miedo o el pasado como excusa para permanecer inmóviles.

Una mesa donde la misericordia tiene lugar

El relato continúa con una comida en la que Jesús comparte la mesa con publicanos y otras personas consideradas pecadoras. Algunos cuestionaron aquella cercanía. Jesús respondió con una imagen sencilla: «No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos» (Mt 9,12).

La escena no convierte en irrelevante el bien o el mal; muestra que la misericordia va al encuentro de quien necesita cambiar. Para nuestras familias, esta mesa puede ser una imagen de convivencia: un lugar donde se puede hablar con verdad, reconocer una herida y buscar reconciliación sin que nadie sea tratado como un caso perdido.

De recaudador de impuestos a evangelista: el testimonio que permanece

La tradición cristiana identifica al apóstol Mateo con el evangelista cuyo nombre lleva el primer Evangelio del Nuevo Testamento. Ese texto presenta a Jesús en relación con las promesas y las Escrituras de Israel, y transmite enseñanzas fundamentales para la vida cristiana.

La huella de Mateo no depende solo de los datos que conocemos sobre su biografía. Está, sobre todo, en el testimonio de una llamada acogida y en una historia que sigue invitando a otros a escuchar a Jesús.

Tres maneras de llevar hoy su ejemplo a nuestra familia

1. Dejar de etiquetar. Antes de repetir que alguien “siempre será igual”, preguntémonos qué apoyo, responsabilidad o conversación podría ayudarlo a dar un paso distinto.

2. Responder con una acción pequeña. Si necesitamos cambiar algo, elijamos hoy un gesto verificable: pedir disculpas, retomar la oración, escuchar con paciencia o buscar ayuda cuando haga falta.

3. Recuperar la mesa como lugar de encuentro. Apartemos por un momento las pantallas para compartir lo que nos preocupa, agradecer lo recibido y hablar sin convertir cada diferencia en una condena.

El primer paso puede comenzar hoy

Mateo estaba sentado cuando Jesús lo llamó. El Evangelio no promete que después todo fuera sencillo, pero sí deja una imagen que atraviesa los siglos: un hombre escuchó «Sígueme», se levantó y comenzó un camino nuevo.

Si hoy una relación necesita reconciliación, si tu vida de fe se ha enfriado o si llevas tiempo convencido de que no puedes cambiar, la historia de san Mateo ofrece una invitación esperanzadora: tu pasado es parte de tu historia, pero no tiene por qué ser su última página.

¿Cuál sería, para ti, una manera concreta de levantarte hoy?

San Mateo, apóstol y evangelista, ruega por nosotros.

Comparte esta reflexión con alguien a quien le haría bien recordar que siempre es posible comenzar de nuevo.

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