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Cuaresma: un llamado de Dios al corazón

La Cuaresma es un llamado de Dios al corazón. Uno de sus propósitos es el cambio personal. Es la oportunidad de hacer una mirada interior para renunciar a todo lo que nos contamina el espíritu y el corazón, y que en últimas nos aleja del amor.

A veces nos preocupa mucho el mundo en que vivimos, la vida de los demás, los errores que otros comenten, la sociedad que nos rodea… ¿Y nuestra situación personal? ¿Cómo está nuestro corazón? ¿Contaminado o limpio? ¿Cómo son nuestras acciones? ¿Nuestros pensamientos? ¿Lastimamos a otros con nuestras actitudes?

La Cuaresma es tiempo de purificación, en el cual se nos recuerda la tentación al egoísmo, el poder, el odio, los juicios, el orgullo, la soberbia, las palabras que destruyen, la mentira, la envidia, la ira… Y es que como ser humanos que somos, podemos caer en las debilidades pero al mismo tiempo poseemos una maravillosa herramienta que es el discernimiento, es decir, la conciencia para reconocer lo que está incorrecto en nuestras vidas y lo que nos hace daño a nosotros y a las personas cercanas.

De modo que la Cuaresma es el momento para “dejar morir en nosotros todo aquello que nos aleja de Dios y de los demás, que nos impide abrazar su voluntad y construirla en nuestras vidas. (…) Por eso Dios quiere que examinemos nuestro corazón y dejemos que su Espíritu lo llene, para poder vivir como Él enseña, para poder realizar su Proyecto.” *Buenasnuevas.com

De igual modo, el Obispo David L. Ricken, aconseja: “Atrevámonos a ver quiénes somos, cómo estamos viviendo nuestra existencia. Abramos nuestro corazón de par en par. No permitamos que nuestro corazón acabe siendo el sediento y hambriento por cerrado en sí mismo. Podemos acabar siendo nosotros, auténticos hambrientos y sedientos, y estar Cristo tocando a nuestras puertas y sin embargo cerramos el corazón.”

Para que ese cambio sea verdadero, el Señor nos invita a ayunar, es decir, a renunciar de aquello que nos contamina (odio, rencor, envidia, egoísmo, indolencia…) y que nos alejan de su modo de vida. La Cuaresma es también una buena ocasión para ejercitar el autocontrol en aspectos que nos cuesten esfuerzo.

Así pues, de diferentes formas recibimos un mensaje persistente en el tiempo de Cuaresma: ser mejores seres humanos, lo cual se logra viviendo a imagen y semejanza de Dios, y de este modo, seremos felices. Esto implica dejar que sea Dios sea nuestra guía, nuestra luz, y sea Él el que trace nuestras acciones, sentimientos, actitudes, valores y pensamientos.

Como recomendación final, traemos a colación estas palabras: “Durante la Cuaresma, cuando nos enfrentamos a nuestras propias debilidades, la tentación es sentirnos molestos y frustrados. «¡Qué mala persona soy!» Pero esa es una lección errónea. Dios nos llama a ser pacientes y a vernos como Él nos ve, con un amor incondicional.

Hazte estas preguntas 

– ¿Qué actitudes, situaciones, realidades de tu vida endurecen tu corazón y lo hacen insensible a los demás?

– ¿Qué es lo que verdaderamente importa para Dios? Revisa tu vida a partir de estas enseñanzas.

– Cuando encuentro algo en mi corazón que contraría el plan de Dios en Mi, ¿acudo al Sacramento de la reconciliación?

Fuente: lafamilia.info

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