En México el gobierno oficialista presume ser un país tolerante, plural e inclusivo. Sin embargo, hay una verdad incómoda que cada vez resulta más difícil ocultar: la cristianofobia en México va en aumento.
No ha pasado ni un mes del inicio de 2026 y los ataques contra la fe cristiana ya se multiplican. No se trata de hechos aislados ni de simples actos vandálicos. Estamos frente a una tendencia peligrosa que apunta directamente contra la libertad religiosa de millones de mexicanos.
Tres ataques graves en menos de un mes
Durante las primeras semanas del año, al menos tres casos graves y ampliamente documentados han encendido las alarmas:
En Villa Guerrero, Estado de México, un sujeto incendió de manera intencional la imagen de María Niña dentro de una capilla. El ataque ocurrió durante la madrugada de Navidad, mientras miles de familias celebraban una fecha central para la fe cristiana. El propio presbítero Israel García Tapia lo dijo con claridad: no fue un daño material, fue un ataque directo a la fe y a la comunidad.
En Chavinda, Michoacán, un joven ingresó a la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe y destruyó imágenes de Cristo y de Nuestra Señora de los Dolores, volcó bancas y causó daños al presbiterio. El párroco, Juan Manuel Rojas Cervantes, calificó el hecho como lo que es: un sacrilegio y una ofensa directa a nuestros símbolos sagrados. El agresor fue detenido gracias a los propios fieles.
En León, Guanajuato, la Capilla del Señor de Villaseca fue vandalizada. Los responsables hicieron un boquete en el templo y robaron las imágenes del Cristo y de la Virgen del presbiterio. La diócesis expresó tristeza e impotencia ante un acto que violentó la casa de Dios y lastimó profundamente a la comunidad.
Tres ataques graves, en distintos estados del país, en cuestión de días. Y a estos se suman múltiples casos menores que rara vez llegan a los medios nacionales, pero que las comunidades viven con miedo e indignación.
Esto tiene nombre: cristianofobia
Cuando se incendian imágenes, se destruyen símbolos sagrados, se profanan templos y se normaliza el desprecio contra la fe cristiana, no estamos ante simples travesuras ni hechos aislados.
Esto es cristianofobia.
Un país que se dice plural no puede tolerar la violencia dirigida contra una confesión religiosa específica. La libertad religiosa no es un privilegio, es un derecho humano fundamental reconocido en la Constitución y en tratados internacionales.
Hoy queman imágenes.
Mañana pueden callar conciencias y ya lo han intentado.
Una herida histórica que México no ha cerrado
Este aumento de agresiones ocurre en un contexto especialmente sensible. En 2026 se recuerdan los inicios de la Guerra Cristera, una de las persecuciones religiosas más cruentas del siglo XX, cuya cicatriz sigue abierta en la memoria nacional.
México ya vivió un tiempo en el que expresar la fe costaba la vida. Minimizar o normalizar estos ataques es jugar con fuego y repetir errores que creíamos superados.
Lo más alarmante no es solo la violencia, sino la falta de condena clara y contundente por parte de autoridades y líderes de opinión. Mientras otros discursos de odio son denunciados de inmediato, los ataques contra cristianos parecen tolerarse o relativizarse.
La libertad religiosa no puede ser selectiva.
Hazte Sentir alza la voz
Desde Hazte Sentir, denunciamos esta escalada de odio religioso y exigimos:
- Condena pública y clara de todos los actos de cristianofobia.
- Protección real a los templos y símbolos religiosos.
- Garantías efectivas para el ejercicio de la libertad religiosa.
- Que la fe cristiana reciba el mismo respeto que cualquier otra creencia.