“Rema mar adentro” (Lc 5,4). Con esa imagen del Evangelio, los pastores de tres países distintos se atrevieron a decir algo sencillo y profundo: solos no se llega a ninguna parte.
Del 30 de agosto al 4 de septiembre de 2026, en la ciudad de Cuernavaca, delegados de las Conferencias Episcopales de México, Estados Unidos y Canadá se sentaron a la misma mesa. No fue un encuentro protocolario. Fue, según sus propias palabras, un intento de “caminar juntos” en un momento en que las relaciones entre naciones vecinas no siempre son fáciles.
Y de ahí salió algo concreto: una serie de iniciativas de colaboración entre sus Iglesias que ahora deberán ser aprobadas por los respectivos consejos permanentes de cada episcopado.
Te contamos qué se decidió, por qué importa y qué tiene que ver todo esto con la vida de las familias católicas de los tres países.
¿Qué fue el Encuentro Fraterno de Cuernavaca?
El llamado “Encuentro Fraterno de los Obispos Delegados de las Conferencias Episcopales de México, Estados Unidos y Canadá” reunió a representantes de los tres episcopados bajo un lema que lo resume casi todo: “Tres naciones, una Iglesia, un solo pueblo que camina en comunión”.
Encabezaron la delegación Mons. Ramón Castro Castro, presidente del Episcopado Mexicano; Mons. Daniel Flores, vicepresidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB); y Mons. Pierre Goudreault, de la Conferencia Episcopal de Canadá (CCCB). También participaron Mons. Óscar Cantú y Mons. Eugenio Lira Rugarcía, este último responsable de la pastoral de movilidad humana en México.
Un gesto que va más allá de lo institucional
Más que documentos y comunicados, los propios obispos insistieron en que lo que querían llevar de regreso a sus Iglesias era otra cosa: rostros, nombres, historias compartidas. La certeza de que, aunque México, Estados Unidos y Canadá son naciones con historias y culturas distintas, millones de católicos de los tres países forman parte de una misma familia de fe.
Los tres grandes temas sobre la mesa
Migración: mirar las dos orillas del mismo camino
El tema que más peso tuvo fue, sin duda, la movilidad humana. Los obispos reconocieron que la migración no es un problema exclusivo de un país, sino un desafío compartido por los tres. Por eso propusieron mirar el fenómeno desde ambos lados: desde el país de origen y de tránsito, y también desde el país de destino.
La convicción de fondo quedó clara: ningún migrante es un extraño para la Iglesia. En quien deja su tierra buscando seguridad y dignidad, se reconoce el rostro de Cristo que sigue caminando junto a los que sufren.
Inteligencia artificial y dignidad humana
Otro de los grandes temas fue, sorprendentemente para muchos, la inteligencia artificial. Los obispos abordaron los retos que representa para la dignidad de la persona humana, en un mundo donde la tecnología avanza más rápido que las preguntas éticas que deberíamos hacernos sobre ella.
Evangelización y colaboración pastoral
Finalmente, se habló de cómo evangelizar juntos. Entre las ideas concretas que se pondrán a discernimiento de los consejos permanentes está el intercambio de sacerdotes entre los tres países, así como misiones de evangelización compartidas y otros espacios de cooperación que podrán desarrollarse en el futuro.
Lo que cada país ya está haciendo
El encuentro no partió de cero. Cada Iglesia local llegó con experiencias propias que ahora podrían inspirar al resto de la región.
- Estados Unidos presentó iniciativas como “No estás solo” y su Plan Pastoral Nacional para el Ministerio Hispano Latino, fruto de un largo proceso de escucha a las comunidades.
- Canadá anunció la creación de un nuevo Servicio Nacional para la Movilidad Humana, una red que conecta a varias diócesis para coordinar mejor la recepción de familias refugiadas y de sacerdotes misioneros.
- México, como país de origen, tránsito y destino de migrantes al mismo tiempo, aportó una mirada única sobre las distintas caras del fenómeno migratorio.
¿Hacia una Iglesia más unida en Norteamérica?
Al margen de los temas concretos, algo más grande estuvo presente en Cuernavaca: la idea de que estas tres naciones podrían caminar hacia una colaboración más estructurada, casi como una región eclesial. Ninguna de las tres Iglesias puede, ni debe, caminar sola.
Las propuestas que surgieron de este encuentro ahora pasan a manos de los consejos permanentes de cada conferencia episcopal, que deberán discernirlas y, en su caso, aprobarlas. Es decir: esto apenas comienza.
Por qué esto también es una buena noticia para tu familia
Puede sonar lejano —obispos, consejos permanentes, conferencias episcopales—, pero el fondo de esta noticia toca algo muy cercano a lo que creemos en Hazte Sentir: que la vida, la familia y la dignidad humana se defienden mejor cuando caminamos acompañados, no aislados.
Una Iglesia que se organiza para recibir mejor al migrante, para acompañar a las familias hispanas, para pensar con seriedad los retos éticos de la tecnología, es una Iglesia que también está pensando en ti, en tu comunidad, en las decisiones que como familia enfrentan hoy.
Sigamos remando mar adentro
Este encuentro nos deja una invitación sencilla: no tener miedo de caminar acompañados, ya sea en la fe, en la familia o en la comunidad. Ninguna “barca” —ni la tuya— tiene por qué navegar sola.
¿Qué opinas de esta colaboración entre las Iglesias de México, Estados Unidos y Canadá? Cuéntanos en los comentarios y comparte este artículo con alguien que valore la fe y la familia tanto como tú.